La sede de la ApDQ era una casa de madera de dos plantas, que hacía años había sido blanca. La fachada estaba llena de pintadas insultantes, amenazas y algún que otro agujero de bala. Todas las ventanas estaban cegadas con tablas clavadas, así que no se podía saber si había alguien en casa.
Crucé furtivamente al jardín, esquivando bicicletas oxidadas y otras basuras que asomaban entre la hierba reseca que me llegaba a las rodillas. La puerta estaba cerrada. Miré calle arriba y abajo. No había nadie. Bien. Desenfundé y le di una patada a la puerta, que se abrió violentamente. El interior estaba en silencio, a oscuras. Registré la casa de punta a punta. Sólo encontré material informático obsoleto, restos de comida vegetariana y colillas de porros. Ni rastro de los cerdos. Muy bien, ya me estaba cansando. Era el momento de utilizar a los chafarderos.
¡Tenemos una cita, chavalería!
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Ya, ya sé que la semana pasada no actualicé el blog cuando tocaba. Y ésta
también andaba con problemas para ello, porque, sinceramente, cada vez que
pienso...
Hace 2 horas


4 comentarios:
¿Se trata del cuento de "Ricitos de oro y los tres ositos"??
Los tres cerditos!!!
Los tres cerditos versión Al Pacino, además ^___^. Voy a pegar este blog al mío ya mismo :)
¿Casa de madera? los tres cerditos!!!
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